El parque de los desvelados

En la localidad Navarrense de Estella (España) encontramos el conocido como Parque de las calaveras (o de los desvelados), lugar que rinde culto a la muerte a través de una serie de esculturas diseminadas por toda la finca.

Estas calaveras (obra del artista Luis García Vidal (Diciembre de 1927 – Enero de 2008), que trabajó en sus esculturas desde 1971 y durante más de tres décadas, sin apenas medios ni ayuda alguna), otorgan una atmósfera muy particular a un entorno natural de gran belleza. El escultor utilizó los rudimentarios materiales de los que disponía, como ramas, troncos, tela metálica o yeso, por citar algunos, dando forma con sus propias manos a un buen número de calaveras.

Repartidas por todo el paisaje, las esculturas nos dan la impresión de estar visitando un ancestral cementerio de gigantes, cuyos huesos han sido expuestos por la erosión y el paso del tiempo.

Luis García Vidal posando junto a una de sus esculturas.
Dos ejemplos del interesante trabajo del escultor.

En la última etapa de su vida, tras el fallecimiento de su hermano en un trágico accidente de circulación, Vidal toma especial conciencia de las víctimas mortales que se producen en este tipo de siniestros y comienza a colocar junto a algunas de sus esculturas una serie de vehículos accidentados, que aportan una nueva dimensión a la obra.

El mensaje que quería transmitir el artista queda patente en estas imágenes.

A lo largo de su vida, Luis García Vidal tuvo que restaurar sus esculturas en repetidas ocasiones, debido al vandalismo y a las malas prácticas de los visitantes. Desde su muerte, el parque ha quedado abandonado, ya que ninguna autoridad se ha preocupado de proteger ni promocionar este curioso parque.

Una muestra del deterioro de las esculturas por la falta de interés en conservar esta obra.

En una ocasión, el artista manifestó:

Quiero sembrar esta finca de calaveras. Con mi obra, yo quiero que la gente se conciencie de que la muerte es una cosa natural, que la tenemos encima y que es nuestra compañera de viaje, vayamos por donde vayamos. Quedamos como calaveras. Pero es que, además, por dentro, somos ya calaveras; no hay por qué tener ese terror. Nunca se habla de que vamos a morir y la vida no siempre es todo felicidad. La muerte, una asignatura pendiente.

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