Quemadores incienso

Incienso y mirra fueron la base de la riqueza de países como Omán y Yemen, donde gracias a la domesticación del camello fue posible organizar un entramado comercial y vías de transporte desde los remotos valles donde crecen los árboles (Boswelia) de los que se obtiene esta valiosa resina, hasta el Norte y Occidente.

Fueron los Fenicios el pueblo que introdujo el incienso en Occidente hace 3000 años. Entre sus objetos de culto ocupó lugar destacado. Los quemadores de perfumes e incensarios indican que lo usaban profusamente, como muestran los hallazgos realizados a lo largo del tiempo.

A finales del siglo VII antes de Cristo, en España, hubo quemadores de incienso (thymateria). De hecho en toda la península Ibérica, así como en Baleares (desde el Puig des Molins, en Ibiza, hasta los del sur de Portugal y puntos equidistantes, como Jaén).

En la antigüedad, el incienso era una sustancia apetecida por los poderosos, los reyes y los sacerdotes. Se empleó siempre como elemento imprescindible en el culto, en los sacrificios y en las ceremonias que buscaban alejar a los malos espíritus.

Los Egipcios empleaban el incienso en el culto a los muertos. También Babilonios y Persas. A partir del siglo VII antes de Cristo, los Griegos hacían ofrendas de incienso a sus divinidades en la celebración de los misterios. También en la Antigua Roma, el incienso desempeñó un papel importante en fiestas, ritos funerarios y en el culto al emperador.

Como los Romanos lo utilizaban, fue causa de que los Cristianos primitivos rechazaran su uso al principio, aunque luego lo incorporaron a su liturgia asemejando el humo del incensario a la subida de las almas justas al cielo.

A su aceptación contribuyeron también una serie de hechos (los Judíos lo ofrendaban a Dios como muestra de acatamiento sumo y adoración. Además, los Reyes Magos obsequiaron al niño Dios en Belén con oro, incienso y mirra).

El Cristianismo se impregnó de significado y de ceremonias donde el incienso tomaba protagonismo (la bendición del incienso antes de ser quemado lo convertía en objeto de sacramento y purificación). El balanceo en forma de cruz del incensario aludía al sacrificio de Cristo en la cruz.

Durante la Edad Media, el incensario entró a formar parte de la vida diaria. Los entierros eran precedidos por él, tanto para mitigar la fetidez de los cadáveres como para suscitar un pensamiento piadoso y una esperanza en la resurrección, ya que el humo simbolizaba la permanencia del alma del difunto.

El incensario aparecía como símbolo parlante de muchos santos, como el protomártir Esteban, San Lorenzo o San Vicente. Asimismo, los grandes sacerdotes Bíblicos como Melquisedec, Aarón o Samuel portaban incensarios en sus manos.

También culturas de América Central quemaban resinas aromáticas llamadas Copal (bolas de resina elevaban su humo perfumado hasta el centro del cielo). Los Chinos quemaban trozos de la aromática madera de sándalo en vasijas.

En nuestros días, quemamos barritas de incienso para aromatizar nuestro hogar, sin connotaciones rituales o religiosas de ningún tipo.

Si quieres ambientar tu habitación de descanso con el aroma característico del incienso, utiliza uno de estos quemadores con calaveras y deja que fluya ese relajante humo.

Deleita tus córneas con la belleza de estos quemadores de incienso, extremadamente atractivos, prácticos y funcionales.

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