Velas

El uso de las candelas o los cirios en las ceremonias o cultos religiosos data de la más remota antigüedad. Sabemos que los Paganos se servían de antorchas en sus sacrificios, sobre todo, en la celebración de los misterios de Ceres, en los que ponían cirios encendidos delante de las estatuas de sus dioses.

Unos creen que a imitación de esta ceremonia pagana, fueron introducidos los cirios en la iglesia. Otros sostienen que los primeros Cristianos tomaron este uso de los Judíos. Sin embargo, parece que el origen o introducción de las candelas no debe buscarse ni en unos ni en otros, sino en el Cristianismo mismo.

Es bien sabido que, no pudiendo reunirse los primeros fieles sino en lugares ocultos y subterráneos, estarían obligados a valerse de antorchas y luces para la celebración de los misterios de su religión y que, cuando después pudieron edificar altares y templos, tuvieron también necesidad de ellas, porque estos estaban construidos de modo que apenas dejaban entrar la luz, con el objeto de inspirar más respeto y veneración por medio de la oscuridad. Este parece ser el origen más natural de la introducción de los cirios en la Iglesia.

En otro tiempo, no se ponían las velas encendidas sobre el altar, sino sobre unos maderos o tablas que atravesaban el santuario o el coro. En tiempos muy antiguos, se usaban también candelas o velas de olor, como las que sirvieron en el bautismo de Clodoveo.

En la antigua Francia, se utilizaban las velas fabricadas con la cera de las abejas. En la Edad Media, en Asia, se utilizaban velas hechas a base de grasa animal (sebo). A mediados del siglo XVIII, se comenzaron a fabricar con una preparación a base de parafina, ácido esteárico (ácido sólido graso) y, en ocasiones, cera de abejas, aceites animales hidrogenados u otros materiales grasos.

La forma más antigua conocida para fabricar velas consiste en la suspensión de la vela en un recipiente donde se aloja cera (o grasa) derretida. Se quita la vela del recipiente y se espera hasta que se solidifique al enfriarse. Se repite este proceso varias veces sobre la misma vela hasta obtener el grosor buscado. Aún se fabrican algunas velas artesanales de esta manera, aunque la mayor parte de las mismas se fabrican mediante moldes y maquinaria en las fábricas.

Una vuela puede ser un cilindro de cera y ya está, pero también puede ser una elegante calavera que quemará y derretirá su tenebrosa figura para darte ese punto de luz en una cena para dos o en un momento en el que necesites la merecida tranquilidad al final del día, para meditar o, simplemente, para descansar y relajarte.

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